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martes, 26 de mayo de 2015

EL CENTINELA DE POMPEYA y BANKIA: COMPARACIÓN







    A finales del siglo XVIII un descubrimiento arqueológico asombró al mundo. Entre las ruinas de la antigua ciudad de Pompeya apareció el cuerpo de un soldado romano en posición erguida. La erupción del Vesubio le había sorprendido custodiando la puerta de un edificio y allí había permanecido firme hasta el final. El mundo que él conocía se desmoronaba a su alrededor, pero él decidió cumplir fielmente con su deber. Sabía que la catástrofe era inevitable y que su acto resultaría inútil, pero aun así no abandonó la tarea que se le había encomendado. El resto de los ciudadanos sucumbieron al pánico. Las excavaciones descubrieron centenares de cuerpos humanos fosilizados en el suelo.
Muchos de ellos llevaban encima monedas, joyas y otros objetos de valor. Un manto de lava había cubierto las calles y había preservado la urbe intacta para la posteridad. Era como si la vida se hubiera interrumpido y congelado en los momentos finales de la floreciente ciudad. El soldado erguido fue bautizado como el “centinela de Pompeya” y su gesto ha cautivado desde entonces a muchos historiadores y pensadores.

    En el caso Bankia ha ocurrido algo parecido. A medida que avanza la investigación de la Audiencia Nacional aparece ante nuestros ojos un cuadro general dantesco: sucursales presionadas e incentivadas para la venta indiscriminada de preferentes y de acciones; una cúpula directiva entregada al enriquecimiento personal mientras urdía un plan para recapitalizar la entidad a costa de los ahorros de las familias; unos supervisores acostumbrados a ser duros con los pequeños y a hacer la vista gorda con los grandes… Esos fueron los momentos finales previos al hundimiento de lo que parecía una entidad de primer orden. 

En ese mundo que se desmoronaba también hubo buenos profesionales que supieron mantener su posición. En un programa de televisión conocimos la historia de un director de sucursal de Caja Madrid en Linares (Jaén) que fue despedido por negarse a seguir vendiendo preferentes y devolver dinero de su bolsillo a sus clientes. También hemos sabido que tres directivos y un consejero de Caja Madrid optaron por no hacer uso de sus tarjetas black a pesar del clima de despilfarro que les rodeaba. Por último, dos técnicos del Banco de España han hecho recientemente un alarde de independencia y han emitido un informe pericial en el que concluyen que las cuentas que sirvieron de base para la salida a bolsa de Bankia no reflejaban la realidad patrimonial de la entidad. Poco después, estos peritos han tenido que ver cómo sus superiores del Banco de España les desautorizaban públicamente y encargaban un contrainforme pericial. Todos ellos nos han ofrecido un testimonio silencioso que corre el riesgo de perderse ante la magnitud de la tragedia.

A veces nos cuesta alzar la mirada por encima de los escombros y apreciar el simbolismo de los pequeños actos de resistencia ética. Una vez haya pasado el tiempo de las depuraciones, habrá que buscar bajo las cenizas del colapso para rescatar el ejemplo de los que no se dejaron arrastrar por el frenesí de la masa y supieron actuar con rectitud.

En Pompeya fueron muchos los que, en el momento final, pusieron su corazón en las monedas y las joyas. Sin embargo, fue el gesto noble de un soldado aislado el que ha inspirado a varias generaciones a lo largo de la historia. También hoy hay centinelas entre nosotros. Conviene no olvidarlo.

FUENTE: Confilegal (http://www.confilegal.com/bankia-hombres-buenos-25052015-1124)




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